La hispanidad que nos quedó de herencia después de los años de colonia fue el racismo. El sentimiento de inferioridad, mayor cuanto menos europeo se es. El sentimiento de vergüenza por la ascendencia cuando no es española (y también cuando lo es, al ser descendiente de los sanguinarios). El menosprecio según el color de piel en un continente donde la inmensa mayoría de la población es cualquier cosa menos blanca. La difícil identificación como nación, por que al mirarse al espejo se quiere ver otra imagen diferente de la que se tiene. La falta de identidad, razón última de que con tanta facilidad regalemos el país (el que sea) al primero que venga.
Peor que saquear, robar el oro, la plata, violar mujeres o asesinar indígenas (que siempre podemos argumentar que la inmensa mayoría de los pueblos, incluyendo los pueblos ancestrales de América), han cometido excesos, lo que más critico es esa herencia de profundo desprecio por nosotros mismos. Por nuestro acento diferente, nuestras palabras influidas por las lenguas indígenas. Nuestras facciones menos europeas, nuestros bailes y comidas. Y la profunda envidia y rencor por todo lo que viene del corazón de occidente, por la ambivalencia al llamar a España "madre patria" y al mismo tiempo recriminarla por sus crímenes.
No es una hispanidad que debamos celebrar. Es una hispanidad que solo pueden festejar quienes se sienten vencedores, quienes sienten orgullo de pertenecer a lo que aun consideran un imperio y creen que comparten el poder del gobernante, sin darse cuenta que en el fondo son igual de súbditos.

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